
El gato más refinado de todos los gatos con los que me crucé en la vida. Un gato pardo, originario del centro de América del Sur. Allí donde están las ruinas del Machu Pichu, nació este gato.
Lo crucé en un viaje, fabricaba pulseritas para vender cuando llegara a Brasil. Un gato de mundo. No tenía ojos ni cuerpo de gato, su mejor arma era lo que dejaba escapar de su boca. No era suave ni mullido este gato, pero sus maullidos eran hipnotizantes. No era nada evidente, lo hacía parecer todo obra del destino.
Un viaje de muchísimas horas, de lo cual lo único que tengo nítido es el recuerdo del gato. Puentes, llanuras, ríos, bosquecitos, noche, día, polvo, mucho polvo, gato refinado. Gato experimentado. Gato de mundo. Gato viajaba como polizón, gato no durmió en la noche. Gato me pagó una chocolatada, Gato se hizo de muchos amigos. Gato no tenía celular, estudiaba en La Plata. No me enamoré de Gato ni mucho menos, sólo nos dió ganas de seguir con Gato hasta el fin del mundo, donde parecía que se dirigía.
Gato el innombrable por su condición de Gato.
