Me encuentro feliz. Feliz con felicidad de niño. Felicidad efusiva, que me hace ver al mundo con un filtro amarillo.
O no; el filtro amarillo es causa de hacer ejercicio físico fuerte, después de muchos años de inactividad. Y la felicidad es causa de un zapato con tanto glamour y ruedas como un par de rollers sea capaz de tener.
Me los compré anoche, después de haberlos deseado durante años. En cada Navidad, en cada día de Reyes y en cada cumpleaños por los últimos nueve años he esperado esta hermosura que hoy me viene a hacer caer en cuenta de mi ex-estado físico y entrenamiento que me permitía andar por horas en patines. Que me hacen ver amarillo el mundo después de haber usado mis pulmones nuevamente a su máxima capacidad. No recordaba la sensación de tener los pulmones abiertos, de sentir cada alvéolo dentro de la caja toráxica.
En las diez o doce cuadras que hay entre la terminal del subte B y mi facultad me pegué un golpe, me sentí ridícula pero radiante, se me abrieron los pulmones y me empezaron a doler insoportablemente los arcos de los pies (tengo pie plano y mis plantillas hace meses que piden clemencia).
También me dí cuenta de que tengo diez años más, que debo ir al traumatólogo con urgencia y que tengo que cumplir mis sueños más seguido.
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I am a rolling stone.
Publicado por
Bla.
on 9 ago 2007
Etiquetas:
anécdoticas,
feliz
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