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De cómo funciona la lógica a los tres años de vida.

Juego con mi sobrino Ale al sol, tirados los dos en el pasto sobre un trapo viejo. Los ladrillitos encastrables con aristas quedan todos en su posesión; los redondeados son todos míos. Pero los de él son más valiosos, para el mercado interno de este juego que creamos.

Pina (tratando de buscar la vuelta para adquirir uno de esos valiosos ladrillitos, y mostrándole los de ella para tentarlo le dice): Éstos verdes son alfajores, éstos chiquitos caramelos y aquéllos chupetines. Y yo tengo un quiosco. (Ella observa que el niño la mira entusiasmado. Intenta un truco; forzando una voz más tonta y aguda le dice al pequeño, haciendo teatro): Señor, ¿no me quiere comprar uno de éstos?
(mostrándole en su mano las “golosinas”).
El niño acepta y le “paga” pero después se arrepiente y busca la forma de recuperar su tesoro. Opta por prenderse en el teatro, gritando:
- ¡Veeendo hueeevos podriiidoss! ¡Veeeendo huevos podriiiiidos!
(mostrando otro juguete).
Absolutamente desconcertada, ella pregunta:

- ¿Y quién te va a comprar huevos podridos? ¿¡Para qué voy a querer
huevos podridos!?


(Veo en su mentecita correr un “loading... loading...”, en busca de una respuesta rápida. La encuentra en milésimas de segundos):
- Y... ¡¡¡ Para los monstruos!!!